Para ti:
Estoy encantado de que estés aquí, interesándote por nosotros. Supongo que te sorprenderá que en el año 2026 te reciban con una carta. No parecen tiempos para ellas, ¿verdad? Lo cierto es que la estás leyendo, y que lo estás haciendo a través de un soporte digital, lo cual es una metáfora de la evolución que ha sufrido la comunicación en estos 30 años.
A los que ya nos conocen, les habrá extrañado que iniciemos esta nueva etapa con la marca CONSISTENTE BAPCONDE. Así es. Durante el año 2026 añadiremos la palabra CONSISTENTE a nuestro logo, tanto para homenajear los 30 años pasados (quizá sea el término que con más precisión define nuestro tipo de trabajo y nuestra trayectoria empresarial) como para hacer una declaración de intenciones para el futuro. Hacer trabajos consistentes es nuestro propósito, aportar nuestro granito de arena para que nuestro trabajo se incorpore de forma permanente al valor de las marcas, nuestra obligación. Debemos hacer trabajos en consonancia con los tiempos, sí, pero que aporten valor de forma continuada y coherente con lo que las marcas son, congruente con los valores que las definen.
En este site queremos hablaros de este compromiso y de cómo nuestros aprendizajes nos han llevado a definir un, por qué no decirlo, revolucionario proceso para construir MARCAS SINTÓNICAS VINCULANTES®, o lo que es lo mismo, marcas especialmente valiosas y resistentes a la sustitución.
Pienso que el primer cliente para el que trabajé fue la marca de ropa deportiva ARKAPEN. Iba a cumplir doce años y había pedido un chándal Adidas de tactel como regalo. Mis padres me dieron un paquete delicadamente envuelto y por el tacto supe que, por fin, el chándal ¡era mío! A medida que lo iba abriendo pude comprobar que el material no era el moderno tactel que arrasaba en aquella época. Ni era Adidas. En su lugar, a la altura del corazón, encontré grabada la marca ARKAPEN. Mi madre vio en mi mirada un cierto desencanto (a pesar de que no dije nada) y sentenció: «es uno de los mejores que había en la tienda» (no añadió «para el presupuesto del que disponíamos», que era la sensata realidad). Allí me veis a mí, el primer día de gimnasia, saliendo a entrenar enfundado con mi ARKAPEN y viéndome obligado a convencer a todos mis compañeros de que, realmente, esa marca era la top y que sus tejidos estaban cambiando las reglas del juego de la ropa deportiva… ¡Vaya si lo logré! Algunos incluso buscaron por las tiendas algún ejemplar para no quedarse atrás… Obviamente no lo encontraron: se trataba, sin duda, de una pequeña marca que trataba de imitar burdamente el logo de la todopoderosa Adidas. Quizá el segundo cliente para el que trabajé fue el Seat 127 (aunque en este caso «tan solo» conseguí ponerlo a la altura del Seat 132 o del Peugeot 504), pero esa es otra historia…
Aprendí.
Aprendí la importancia de la persuasión.
Aprendí que no existe división entre lo emocional y lo racional y que lo emocional siempre da ventaja. Aprender de las personas, de las sociedades, se convirtió en parte esencial de mi trabajo. Entender para sorprender es el resumen de la filosofía con la que he tratado de impregnar a nuestra organización.
Llevo casi cuatro décadas con el privilegio de observar para entender al ser humano, su comportamiento, su interior, ya sea para fundamentar estrategias para marcas o para crear, como escritor, personajes y universos de ficción. Y si algo he aprendido en este tiempo, es que toda creación es siempre la historia de una superación. Siempre se trata de lo mismo: de vencer a Goliat.
Presumimos de ser débiles (al menos en comparación con los gigantes con los que nos enfrentamos cada día) porque esto nos ha permitido desarrollar una especial inteligencia estratégica. Presumimos de querer ganar ayudándote a vencer.
Dinos, ¿cuál es tu Goliat?


